lunes, 4 de agosto de 2014

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Moriré en el mar, cayéndome de un precipicio.
La espuma será mi verdad, mi madre, mi todo.

De repente, el mundo; haciendo presencia,
incluyéndose en su propio escenario.
Me agazapo en mi propio abrazo.

Soy un ser frágil, quizás de vidrio.
Y puedo estallar en mil pedazos al veros,
 puedo arrodillarme y clavarme un cuchillo.

Se hace de noche y soy un alma que llora cuando llueve.
Me traga la tierra mojada,
me convierto en un insecto humilde.

Fotogramas perdidos en mil memorias olvidadas,
corríamos libres cogidos de la mano.