El
frío viento que corre allá fuera nos separa en dos habitáculos
distintos:
El
mío es denso y oscuro, petróleo que se esparce.
Humedece
mi pelo hasta dejarlo inservible.
El
tuyo es de rama, crujiente es su sonido.
Es
algo cálido y robusto.
Me
tapo de negro fangoso hasta los ojos.
Me
arranco la piel a tiras,
haciendo
harapos,
despacio,
sintiéndote.
Te
veo a ti, a lo lejos, reluciente.
Sintonia
en la mañana.
Tu
desnudo es perfecto, el sol place de iluminarte.
Tu
piel.
Te
protejo desde el humo,
desde
el hueco afilado que sangra,
desde
la piedra enroscada,
desde
las entrañas.
Por
verter de tinta y de duelo
mi
cáliz en ti.